Salud del bebé • La regurgitación y el vómito del lactante

SALUD DEL BEBÉ

La regurgitación y el vómito del lactante

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28 / 06 / 2011

La expulsión lenta por la boca de una pequeña cantidad de leche después de que el niño tome el pecho recibe el nombre de regurgitación. Es una manifestación frecuente durante los primeros meses de vida, sin ningún significado patológico, por lo que la madre no se debe alarmar.

Si el pequeño regurgita leche con las mismas características a las que tenía cuando la ha bebido, líquida y sin coágulos, no es preocupante. Para evitar su aparición la madre solo debe tomar unas pequeñas precauciones como no acostar al bebé justo después de la toma y dejarlo en la cuna con el vientre boca abajo, con la cara girada a un lado y sin apoyarla en la almohada (de esta forma se evita el ahogo del pequeño por aspiración del alimento que obstruye las vías respiratorias).

La regurgitación suele desaparecer de forma espontánea a medida que pasan los meses, sobretodo cuando el pequeño ya tiene la capacidad de sentarse y cuando su alimentación pasa a ser más sólida.
Para los bebés alimentados con leches artificiales, se puede optar por las fórmulas de antirregurgitación (A.R.), más espesas, elaboradas con agentes espesantes.

Sin embargo, cuando el niño regurgita abundantemente después de cada mamada y no aumenta de peso, el pediatra valorará si la regurgitación es síntoma de alguna enfermedad.

Otra alteración frecuente en los más pequeños es el vómito o expulsión violenta de restos alimenticios parcialmente digeridos (la leche se presenta en coágulos). Si los vómitos son poco frecuentes no es motivo de preocupación, solo hay que espaciar las tomas y disminuir la cantidad. Cuando es frecuente, puede ser la señal de que existe alguna intolerancia alimenticia o alguna anomalía en el aparato digestivo, por ejemplo, la estenosis hipertrófica del píloro. Esta es una anomalía del píloro o canal que permite el paso de los alimentos del estómago a intestino una vez digeridos. Cuando el píloro está obstruido, dificulta el tránsito de los desechos alimenticios e incluso puede llegar a cerrarse, impidiéndolo por completo. Los vómitos son abundantes, expulsados con mucha fuerza y con coágulos.

Como consecuencia de esta alteración el niño puede llegar a deshidratarse y desnutrirse, si no se resuelve. El tratamiento es una intervención quirúrgica, relativamente sencilla y sin secuelas para el pequeño.

En ocasiones, el vómito viene acompañado de sangre. Hay que saber que en ocasiones las causas son inocuas, por ejemplo, cuando el bebé succiona sangre al mamar porque los pezones están agrietados.

Aún así, la madre debe de inmediato consultar al médico para valorar cual es la verdadera causa de que se presente sangre en el vómito.

Escrito por: Red Mujer
Redmujer.com
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